EL CRISTO INTERIOR DE GASTOHN BARRIOS (FOTOGRAFO ARGENTINO)
Cuando a mediados del año 2010, mi país, Argentina, se disponía a aprobar
el matrimonio entre personas del mismo sexo (que después se llamaría Matrimonio
Igualitario por el hecho de que igualaría los derechos civiles de todos los
habitantes de este suelo), mientras una buena parte de la sociedad respaldaba
la medida y una parte aún tenía sus dudas; la derecha política y la Iglesia
Católica, arremetían por cuanto medio fuera posible, queriendo defender la
exclusividad heterosexual del matrimonio a como dé lugar. Y para ello, no
dudaban en apelar a descalificativos, denigraciones e insultos hacia gays,
lesbianas o todo aquel que pensara distinto. Se podían escuchar desde amenazas
de mil y un infiernos hasta palabras que eran como dagas envenenadas en resentimiento,
el fruto despreciativo de una hiel tan repleta de odio que costaba creer que
pudieran ser ministros de una iglesia esos seres que eran capaces de soltarlas
cual latigazos a través de sus lenguas viperinas.
“Son engendros del demonio” decían “Desviados pervertidos apartados del sendero
del Señor” “Si permitimos el casamiento entre personas del mismo sexo, que
permitiremos a continuación? El sexo con animales, con niños?”
Costaba creer que la misma iglesia que me había enseñado en mi escuela
parroquial que “se debía amar al prójimo como a uno mismo” o “que se debía
poner siempre la otra mejilla”; era ahora la que me gritaba en la cara que yo
era una aberración deforme; un hijo indeseado de un dios que me despreciaba ferozmente.
Yo, que había sido siempre obligado a amarlo, me enteraba que en realidad, Él
me despreciaba.
Esas palabras escupidas con ferocidad desde lo más hondo de lo inhumano
dejaban, de alguna manera, un sabor a desamparo, a humillación, a desgarro.
La monarquía divina, la oligarquía eclesiástica, pretendía adueñarse una vez
más de mi alma, de mi ser y de mi pensamiento. Todo lo que yo era y fui, se
resumía a la nada misma. Era un pecado que debía callarse, una vergüenza que
debía ser ocultada. Porque si se oculta, no se ve; y si no se ve, no existe; y
si no existe, no molesta.
¿Puede existir pecado en amar?
¿Puede ofender a Dios que uno quiera ser feliz?
Aquellos insultos que pretendían ofender mi humanidad, en realidad, ofendían mi
inteligencia. ¿Quién tenía el derecho a juzgar a los demás? ¿A inculcarnos
prejuicios que solo crean barreras entre nosotros y no unión o hermandad?
¿Puede una institución apoderarse de Dios, de Cristo, del Alma y la Fé de las
personas?
Si Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, con errores y
defectos, con deseos y anhelos, quiere decir que algo de todo eso debe existir
también en Él.
Si fuimos creados a Su imagen y semejanza, quiere decir que existe una parte
humana en Dios, y también una parte Divina en nosotros, los humanos.
La imagen y representación misma de esa mistura entre lo humano y lo divino;
entre lo terreno y lo celestial, a lo largo de estos 2000 años, ha sido la
figura de Jesucristo. Él mejor que nadie ha conocido los sufrimientos mundanos,
los prejuicios odiosos, los insultos y los vejámenes proferidos por el
establishment, por los domadores de la fé de las personas. La incomprensión, la
inhumanidad, la no aceptación, lo habían juzgado y crucificado. Había tenido
que vivir exactamente la misma vía dolorosa, que muchos de nosotros debíamos
padecer tanto en el año 2010, como hoy y como al principio de los tiempos.
Cada uno de nosotros lleva un Cristo interior, uno que ha padecido, junto
con nosotros, desde el comienzo de nuestra existencia.
Así fue que decidí plasmar este Jesucristo humano, con tatuajes, con
vergüenzas, con su desnudez tan terrenal como la de cualquiera que pudiera
verlo. Quería plasmar en una fotografía mi Cristo interior en la figura de un
modelo, porque estoy seguro que el ser divino dentro de todos nosotros se
parece, porque tiene un mismo origen: un Dios que es amor y no desprecio, ni
odio, ni resentimientos.
Un Dios que nos acepta y nos ama tal cual somos, porque el único objetivo
posible debe ser la Felicidad.
El proceso se completó, cuando recordé que lo que sentía en el presente era lo
mismo que había sentido poco antes de que Matrimonio Igualitario se convirtiera
en realidad en Argentina y, aún antes, cuando terminando mi adolescencia,
algo me había llevado a escribir:
Creo en Dios Padre Todopoderoso
Creador del Cielo y de la Tierra
y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor...
yo creo.... creo... ¿en que creo?
Creo absoluta, ciegamente, en mí
creo poder ser auténtico, irreemplazable
por haber sido concebido por obra y gracia del amor
y por haber nacido con un pecado original
del cual nunca fui culpable
y por haber padecido bajo el poder
de la mentira, de la envidia y del pecado
y por saber, que una y otra vez,
resucitaré de entre los muertos
y sentir y saber que igualmente
ascenderé al Reino de los Cielos.
Creo en Dios Padre Todopoderoso
Creador del Cielo y de la Tierra...
Creo en Dios Padre Todopoderoso
Creador del Cielo y de la Tierra;
sé que Él me aceptará y me revelará
que nadie es quien para juzgar
ni a los vivos ni a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica
(aunque no vea ya nada santo)
¿Por qué se niega el hambre y la pobreza?
¿por qué el sexo debe ocultarse
si amas a alguien también?
¿acaso Dios quiere mentiras, fingir lo que no sos?
El hombre llegó muy bajo por aparentar estar bien;
y si alguien siente degenerada esta forma de pensar
no aspira ni conoce lo que yo amo:
la libertad de expresar.
Creo en Dios Padre Todopoderoso (Dios)
creador del Cielo y de la Tierra (del Cielo y de la Tierra)
Creo en Dios Padre Todopoderoso
Creador del Cielo y de la Tierra
yo creo... creo en todos los credos
y en toda fe que crea en mí
yo creo... en la comunión de los santos
como creo en el amor entre los hombres
yo creo en el perdón de los pecados
como creo en el derecho a cometerlos
yo creo... creo en la resurrección de la carne
yo creo... creo en la reencarnación de las ideas
yo creo... creo, por sobre todo, en mi alma
y en su vida perdurable.
Creo en Dios Padre Todopoderoso (Dios)
creador del Cielo y de la Tierra (del Cielo y de la Tierra)
Creo en Dios Padre Todopoderoso
Creador del Cielo y de la Tierra
yo creo... creo, por sobre todo, en mi Alma
y en su vida perdurable
Amén.
Entonces, mi sentir religioso del pasado, del presente y, seguramente, del
futuro; se unen y se expresan en una serie de imágenes paridas desde lo más
humano y amoroso de mi. Estas imágenes a las que decidí llamar ‘ISÀ, (que es
como los musulmanes llaman a Jesús)*; nombre que escogí porque siento que
ni Él ni Dios son propiedad de ninguna religión, sino una parte
indisoluble de nosotros mismos.
Dios está en vos y en mí y en cada uno de nosotros. El mismo Dios, humano y
divino, nos ama a todos por igual, sin importar qué nombre le damos, ni en que
suelo nacimos, ni a quién decidimos amar.
Porque Dios es Amor, y ese Amor vive eternamente en nuestro interior.
GASTOHN ©
MODEL: ANDERSON BORDONI
PH: GASTOHN BARRIOS










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